19 de febrero de 2018

U.D.5: JESÚS PASÓ HACIENDO EL BIEN 5



Sensibilizarse con las acciones milagrosas de Jesús a través de la observación de una obra pictórica: La curación del paralítico.
Descubrir los sentimientos que producen las acciones milagrosas de Jesús en las personas.




Inculturación, o inculturización, es un término que, principalmente en la Iglesia Católica, significa la armonización del cristianismo con las culturas de los pueblos. La actuación de la Iglesia católica bajo el papado de Juan Pablo II1 en África giró en torno a la inculturación.
El papa Juan Pablo II ha definido la inculturación en distintos momentos.
Según la Carta Encíclica "Slavorum apostoli" (1985):
Encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas, y a la vez, la introducción de estas en la vida de la Iglesia.
Según la Carta Encíclica "Redemptoris Missio" (1990):
La inculturación es un camino lento que acompaña toda la vida misionera y requiere la aportación de los diversos colaboradores de la misión de gentes, la de las comunidades cristianas a medida que se desarrollan, la de los Pastores que tienen la responsabilidad de discernir y fomentar su actuación.
Samuel Rayan, S. J. (1976) la define como:
La inserción de la fe en la corriente vital de los pueblos y las expresiones de la vida de fe en términos de existencia histórica concreta, y, a la vez, la inserción de la vida de los pueblos en la fe a todos los niveles más profundos que cualquiera de sus expresiones concretas".2
Según Jacques Scheuer, S. J. (1984) es:
La inculturación es el proceso por el cual la vida y el mensaje cristianos se insertan en una cultura particular, se encarna por así decirlo en una comunidad cultural, en una sociedad determinada, y allí echan tan buenas raíces que producen nuevas riquezas, formas inéditas de pensamiento, de acción y de celebración...”.3


Curación del paralitico


 Adoración de los Magos


Bautismo de Jesús




Evangelio de San Lucas, Capítulo 15, Versículos del 1 al 7

Jesús enseña las parábolas de la oveja perdida, de la moneda perdida y del hijo pródigo.
 Y se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle.
 Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Éste a los pecadores recibe y con ellos come.
 Y él les relató esta parábola, diciendo:
 ¿Qué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la que se le perdió, hasta que la halla?
 Y al encontrarla, la pone sobre sus hombros gozoso;
 y cuando llega a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido.
 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.








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